
– ¿Estudiaste directamente repostería
Antes trabajé en una escribanía, fui auxiliar de arquitectos, estudié decoración de interiores. Luego me metí en este tema, me capacité con Aída de Hutemann. Hace 12 años que inicié un negocio pequeño para surtirles tortas sencillas a los supermercados. Y ahora, hace 3 meses, empecé con Dolcissimo.
– ¿Tus tortas son como tu gusto? ¿pesadas y dulces?
No, hago también más suaves, el cliente es el que manda.
– ¿Las tortas funcionan en nuestro clima?
Una torta puede ser una obra de arte, con un clima así hay cosas que cuesta manejar, como el chocolate o el caramelo. Hay que educar al cliente en dos cosas: cuando compra una torta no puede pasearse primero por toda la ciudad; y segundo, los precios varían de acuerdo a los ingredientes y al trabajo.
– ¿Cuánto cuesta un kilo de torta?
G. 30.000, y depende después de qué está hecha.
– A vos te gusta el ambiente de escuela también.
Me gusta, sí, cuando enseño siempre termino aprendiendo secretos de mis alumnas. La cocina es un intercambio de conocimientos. Lo que más me gusta hacer es decoración de tortas, el arte en azúcar.
– ¿Hay muchos varones reposteros?
Ahora están creciendo, y tienen buenísima mano.
- Estas tortas decoradas con azúcar, ¿suplantaron a las decoradas con crema?
Las tortas con crema también tienen su público fiel. Lo que pasa es que con el mazapán podés hacer muchos más motivos; y yo me quedo más tranquila si es que de una torta se puede comer todo.
– ¿Tuviste pedidos con motivos raros?
Sí, decorados eróticos para despedidas de solteros/as. El Día del Padre vendimos muchas con la colita de azúcar (aquí no conseguí esos moldes, los traje de Buenos Aires).
– ¿Cuál es la lección de vida que te dio esta profesión?
Mantener siempre la humildad. Eso me lo enseñó Mirta Carabajal: “No hay que creérsela, hoy estás, mañana no sabés”.
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Lourdes Peralta
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